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o como el sol desde que sale hasta que se oculta, o como la vida desde que
comienza hasta que se termina.
Con
frecuencia no vivimos al ritmo de la naturaleza. Queremos ir más rápido:
las niñas quieren ser mujeres, los jóvenes quieren ser hombres, los
hombres quieren conseguir sus objetivos en la vida enseguida.
Nos
perdemos lo bonito del camino para llegar y comprobar que el final tampoco
era tan excelente como lo habíamos imaginado. Y viene el vacío, el mirar
atrás, el preguntarse ¿y ahora que?, ¿ya esto se acabó?.
Aprendamos
de la vida. La vida tiene sus ritmos lentos, el día no comienza siendo
día de repente. Comienza amaneciendo, despacito, suavemente, sin prisas,
siendo bonito, impresionando con sus amaneceres rojizos, acompañándonos
con el canto de unos pajarillos recién despertados.
Nuestro
cuerpo nos pide lo mismo. Pasar del estado de sueño al de vigilia no debe
ser algo traumático, tenso, urgente...; debemos darnos tiempo, como los
leones por la mañana, desperezarnos, estirarnos, sentirnos.
Debemos
dejar que el día vaya pasando por nosotros, y que la actividad vaya
aumentando como aumenta la luz del sol conforme se eleva en el horizonte:
despacio, suave y lenta, pero rítmica y continuamente.
Así
debiera transcurrir también nuestra vida, tal como sin darnos cuenta
pasan las estaciones, desde el invierno a la primavera, desde la primavera
al verano...suavemente, paulatinamente, sin darnos cuenta, sin traumas,
sin cortes ni finales bruscos para comenzar fases nuevas.
Igual
que como crecemos sin que nos duela: despacio, lentamente, cada día un
poquito pero sin parar, rítmicamente, avanzando hasta la plenitud.
Actuar
conforme a estos ritmos naturales nos acerca a nuestra condición de ser
una parte más de la naturaleza que funciona con avances suaves para pasar
de un estado a otro, en cualquier momento del día, del mes o del año.
Actuar
con brusquedad, romper ritmos, forzar situaciones, ir con prisas,
empujar... nos aleja de nuestra condición natural y de los ritmos con que
fuimos creados y de los que formamos parte. Permanecer mucho tiempo de
esta forma y en estas condiciones sin duda merma nuestra salud,
nuestra evolución, las relaciones con nuestro entorno y también nuestro
futuro.
¿Vives
respetando tus ritmos naturales?
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El
día no comienza de repente, sino suavemente, sin prisas, impresionando...
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