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La
sociedad occidental del siglo XX ha enardecido demasiado la juventud. Así
como en otros tiempos ser viejo o mayor representaba tener sabiduría,
experiencia... y le daba a la persona un respeto inherente a la edad,
actualmente nadie quiere ser viejo ni parecerlo.
Pero,
¿hay que luchar tanto contra la edad?
A
mi juicio, deberíamos luchar por mantenernos bien, tanto física como
mentalmente, pero no necesariamente imitando una juventud que podemos no
tener.
La
aceptación de sí mismo y las circunstancias por las que nos va llevando
la vida es una de las formas de prevenir las depresiones y los malos
momentos por ver que uno ya no es lo que era.
Antes,
se daba gracias por haber cumplido un año más. Significaba que habíamos
vivido todo un año y podíamos contarlo. Ahora, con frecuencia, pasar de
los 39 a los 40años, o de los 49 a los 50 años, representa un shock para
muchas personas. Entrar en una nueva década parece que les marca el final
de la misma: cumplir 50 es casi como cumplir 59 (ya estoy en los 50
-dicen-), pero en realidad todavía queda mucho tiempo por vivir y
disfrutar para llegar al comienzo de la siguiente década.
La
rutina es lo que hace que los años pasen más rápidos, más iguales. Las
personas que tienen o hacen proyectos o que cambian su estilo de vida cada
cierto tiempo, tienen una percepción del tiempo mayor que los que tienen
una vida rutinaria.
No
hace falta parecer joven, ni luchar contra el paso de los años. Lo
verdaderamente importe es encontrar algo por lo que vivir, algo y alguien
con quién disfrutar, alguien a quién ayudar... lo importante es estar en
el camino, manteniendo la mejor vitalidad posible, llevando una vida sana,
imitando lo más posible a la naturaleza y queriéndose a uno mismo, sintiéndose satisfecho con lo que uno es, o comenzar a ser lo que uno
siempre quiso ser y no pudo.
Nunca
es tarde.
Cuantas
veces te habrás dicho: ¡si hubiera comenzado cuando se me ocurrió la
primera vez!
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