Carta de un padre a un hijo

Querido hijo:

Hoy he optado por escribirte en la seguridad que no me interrumpirás antes de que termine. Tengo muchas cosas que decirte y para las que nunca encuentro el momento. Con frecuencia sólo asumo mi responsabilidad contigo en lo más visible, en lo que la sociedad ha dicho que tengo que exigirte: que estudies, que te portes bien, que cumplas con tus obligaciones, que seas educado con los demás...

Las prisas del mundo en que vivo -y vives- no nos permiten que disfrutemos: yo de tí y tú de mí. Te he visto crecer y sólo me doy cuenta que fuiste aún más niño que ahora cuando veo tus fotografías. En ese momento me doy cuenta que no siempre has sido así, que ya eres mayorcito y que a pesar de eso para mí sigues siendo un niño. Poco a poco te irás alejando cuando tu mundo se vaya ampliando y el mío- irremediablemente- se vaya reduciendo.

Sé, que poco me vas a hacer caso como poco me le has hecho a los consejos que te he podido dar. Siempre has querido vivir tu experiencia, probarlo tú... eso es muy arriesgado pero también es bueno porque demuestra tu valentía y confianza en tí y en el mundo, pero hoy no quiero dejar de decirle que eres más importante para mí que tus notas, que tus desobediencias o que tus reproches inmerecidos cuando no entiendes mis decisiones acerca de lo que son tus obligaciones o los castigos que por no cumplirlas te pongo.

Hijo mío: te quiero.