Carta de un maestro a un alumno

No sé si comenzar diciéndote querido alumno o querido hijo porque a veces tanto tú como tus compañeros son como hijos para mí. De hecho, algunos días paso más tiempo con ustedes que con mis verdaderos hijos, pero no sólo por eso sino porque muchos días, en mi pensamiento te llevo conmigo a casa cuando no consigues aquel objetivo para el que te creo capaz, o cuando te veo descentrado o preocupado en clase y no sé lo que te pasa.

Sé que a veces no me comprendes porque me muestro duro contigo pero quiero que saques lo mejor que tienes dentro, aún a costa de que te enfades. No espero tu agradecimiento pero estoy seguro que en el futuro me recordarás con gratitud y es posible que por mis manos pasen tus hijos como por las de otros compañeros míos pasaron tus padres.

Tengo que darte las gracias por mantenerme joven; el contacto contigo y tus compañeros me hacen vivir el ímpetu de la infancia y la juventud y me mantiene en contacto con la sabia nueva que representas.

 A veces tu forma de hablar me desconcierta pero procuro mantenerme al día y comprender no sólo tu lenguaje sino tus problemas y tu situación en el momento de la historia que te ha tocado vivir; te pido que seas comprensivo conmigo cuando no lo consiga.

Un abrazo.