La creatividad es muy importante.

El niño del barómetro.

 

En cierta ocasión, un profesor de física, puso en un examen el siguiente problema: "Indique la forma de conocer la altura de un rascacielos, con la ayuda de un barómetro".

 

Mientras toda la clase se ponía a escribir con frenesí, un alumno permanecía mirando al techo fijamente.

 

El profesor se acercó para preguntarle si le pasaba algo, a lo que respondió que se encontraba perfectamente.

 

Más tarde, cuando apenas faltaba un minuto para recoger los ejercicios, se apresuró a escribir lo siguiente:

 

- Súbase al tejado del rascacielos, ate una cuerda al barómetro y deslícelo a modo de plomada por la fachada del edificio hasta que toque el suelo. Mida la longitud de la cuerda (junto con la del barómetro), y esta será la altura del edificio.

 

El profesor interpretó aquello como una burla, y decidió suspender al alumno, pero este pidió una segunda oportunidad.

 

Convocado a una comparecencia oral, se le preguntó si conocía alguna otra respuesta además de la que había escrito, a lo que el alumno contestó que por supuesto, pero que se había decidido por aquella por parecerle la más exacta.

 

Otras alternativas eran:

1.- Sitúese en la planta baja, y vaya haciendo marcas en la pared a medida que vaya subiendo por las escaleras. Dado que la distancia entre dos muescas será igual a la longitud del barómetro, multiplicando esta magnitud por el número de muescas, tendremos la altura total del rascacielos.

2.- Éste método exige que haga sol: se coloca el barómetro al lado del edificio, y se miden las sombras que proyectan ambos. Como se conoce la altura del barómetro, por una simple regla de tres se conocerá la del edificio.

3.- Después de pesar el barómetro, se le deja caer desde lo alto del edificio, anotando con la ayuda de un reloj (preferiblemente un cronómetro) el tiempo que tarda en llegar al suelo. A partir de ahí, y teniendo en cuenta la aceleración de la gravedad, se deduce la altura del edificio.

4.- Ésta fórmula quizá sea la definitiva: consiste en buscar al arquitecto, constructor, o simplemente al portero, y decirle: "Mire señor, aquí tengo un barómetro precioso; si me dice la altura del edificio se lo regalo".

 

¡No sigas, estás aprobado! -dijo el profesor-. Pero dime -continuó-, ¿conoces la respuesta convencional?

 

Naturalmente que si. Lo que pasa es que estoy harto de que los profesores y los padres sienten cátedra imponiendo las soluciones tradicionales, sin estimular la imaginación y como si uno no fuese capaz de pensar.